Prueba de nivel gratuita
Antes de empezar se hace una prueba corta —oral y escrita— para saber de dónde se parte. Sin compromiso y sin coste.
El método High Street
Cada clase se reparte siempre igual. Suena simple porque lo es, y por eso funciona.
Así se reparte cada hora de clase.
Hablar desde la primera clase
El problema de partida
Es la historia de mucha gente: diez años estudiando inglés en el colegio y en el instituto, aprobados sin problema, y a la hora de la verdad no sale una frase. Porque se ha estudiado el idioma, pero casi nunca se ha usado.
El método 20·30·10 le da la vuelta al orden habitual. Primero se habla, luego se estudia lo que ha hecho falta para hablar, y al final se juega con ello. La gramática no desaparece —hace falta— pero deja de ser el punto de partida.
Cómo es una clase
Nada de "abrid el libro por la página 40". Se arranca con una rutina de conversación: qué tal la semana, un tema del día, una imagen, una noticia. Cada alumno tiene su turno garantizado.
Con los más pequeños, este bloque es canciones, cuentos y preguntas cortas. Con adultos, temas reales.
El bloque de trabajo serio: la estructura gramatical que ha hecho falta antes, vocabulario nuevo, lectura, escritura, comprensión oral. Todo enganchado a lo que se acaba de hablar, no suelto en el aire.
Aquí es donde se ve el nivel real de cada uno y se ajusta el material a lo que el alumno necesita.
Un juego, un desafío por equipos, una mini-competición. Obliga a usar lo aprendido bajo un poco de presión y, sobre todo, hace que salgan de clase con ganas de volver.
Es el bloque que más piden los niños y el que mejor fija el vocabulario.
20 · 30 · 10 en todas las clases
Por qué funciona
Que la clase tenga siempre la misma forma parece poca cosa, pero cambia mucho. Un niño que sabe que después de hablar viene el cuaderno y luego el juego se concentra mejor. Un adolescente que sabe que le va a tocar hablar llega preparado. Y un adulto que teme hacer el ridículo descubre que los veinte primeros minutos son un espacio seguro.
Grupos
Un alumno de 2º de la ESO puede tener el nivel de uno de 4º, y al revés. Meterlos en el mismo grupo por curso escolar es la forma más rápida de aburrir a uno y perder al otro.
Antes de empezar se hace una prueba corta —oral y escrita— para saber de dónde se parte. Sin compromiso y sin coste.
Ocho alumnos por grupo es el tope. Con más, en una hora no da tiempo a que hable todo el mundo y siempre acaba habiendo alguien que se pasa la clase callado.
Si un alumno avanza más rápido que su grupo, se cambia. El grupo está para ayudar, no para frenar.
Basta con indicar nivel, edad y objetivo para recibir sin compromiso una recomendación de grupo y toda la información. Por WhatsApp la respuesta llega antes.